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Cuba: ¿ del socialismo irreal al real capitalismo ? |
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Wpisał Administrator
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poniedziałek, 26. lipiec 2010 15:00 |
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 Gritan como eslogan político miles de jóvenes en el Reino de España en las llamadas «sentadas» por una vivienda decorosa. Se convocan regularmente, ocupan avenidas sentados en el suelo. La adiestrada polícía española los vigila, los cerca y llegado el momento los desaloja a palos y patadas. Mientras tanto el Gobierno de turno del Reino de España, en nombre del estado burgués, recrea el negocio de la banca privada, las instituciones inmoviliarias y las compañías constructoras. Durante no menos de 15 años hasta finales del 2008 el negocio mancomunado redondo jaló del crecimiento económico mientras enriquecía a todos los que se iban a enriquecer, a costa de los salarios y contratos basuras a la mano de obra propia e importada a chorros del tercer mundo. Hipotecando en una orgía crediticia sufragada por el dinero fácil de la banca alemana, a los cientos de futuros inquilinos en desahucio potencial. Especulación con el suelo en cuantos municipios aparecía un pedazo de tierra "recalificable" para construcción urbana. Inacabables tramas de corrupción sistémica político administrativa. Los precios de la vivienda escalando hacia el cielo. El Jefe del Gobierno socialista, J.L.R.Zapatero, a garganta partida declarando desde las tribunas que el pleno empleo estaba ya a un paso. España voyante con cientos y cientos de familias y jóvenes sin acceso a la orgía. Los planes paliativos de construcción de viviendas socialmente protegidas mustios y cabizbajos, como el alibi de siempre. Y una noche del 2009 el encanto se rompe, la carroza se convierte en calabaza, la crisis interna una y mil veces negada como posibilidad real, como un rayo parte a no menos del 20% de la población que cuesta abajo en la rodada se queda sin trabajo. El grifo del crédito se cierra, los bancos privados del país ponen a resguardo sus intereses, porque los extranjeros (Alemania en primer lugar) que los han alimentado no se pueden permitir la bancarrota. Si los precios de las viviendas venían subiendo sin que nada tuviera que ver la ley de la oferta y la demanda ante una oferta cuasi exponencial, ahora permanece a resguardo de los bancos y los industriales un stock de más de 3 millones de habitáculos, aguantando la caída del valor de cambio de los inmuebles en el mercado liberal capitalista. La vivienda, como las drogas y la industria del sexo, los negocios más lucrativos en el Reino de España. Si el segundo y tercero pueden considerarse la explotación de la decadencia social, el primero constituye el refinamiento de la perversión del sistema de producción y valores capitalista. España, por supuesto, no es la excepción. Pero un poco al Sur en el mismo Reino de España, en el municipio socialista de Marinaleda, 3 mil habitantes en dominio agroindustrial, descrito recientemente por el New York Times como el único lugar donde funciona el comunismo, toda la estafa del negocio estatal-banquero-industrial de la vivienda se queda al desnudo. Viviendas auto construidas en regimen comunitario, en suelo apropiado comunal, con extensiones de 80 y más metros cuadrados y confort habitacional igual o superior al de las grandes ciudades, se obtienen en propiedad intransferible mercantilmente por un usufructo eterno de 15 euros al mes. No es un municipio cualquiera, por supuesto. Es la voluntad política de un pueblo en lucha rebelde contra la lógica capitalista del capital. En la ciudad de , Polonia, cerca de la frontera con Alemania, unas doscientas familias vegetan en “albergues sociales” donde la muerte por tuberculosis constituye la medida de la degradación socio-humana en la que se ven atrapados los «bolsones de probreza» que recicla el capitalismo polaco pos real socialista. El hecho llamaría menos la atención en una sociedad donde la falta de competitividad animal entre congéneres es sinómino de prostitución humana, sino fuera porque a la mayoría de las familias condenadas a dicha marginación las autoridades de la ciudad les expropian la exigua renta social que reciben, desempleadas como están, para pagar las tasas de alquiler “correspondiente” de esos míseros locales. La Ley de Desahucio fue introducida en el Parlamento nada menos que por la formación política heredera del ex partido dirigente de la llamada Polonia Popular (POUP). Bloqueada por fuerzas parlamentarias opositoras, fue limada de sus aristas más predatorias. En Polonia alrededor del 45% de la población hipotecada presenta serias dificultades para el pago de las tasas bancarias. La especulación inmoviliaria es la norma que todos aceptan sin chistar. Esas son las reglas del juego del capitalismo recién adquirido. Los precios de las viviendas en Varsovia superan los de Berlín. Los asalariados jóvenes se endeudan por 30 y 40 años al cabo de los cuales habrán pagado no menos de tres veces el valor de cambio inicial de la vivienda ya abultado con el precio de salida. Trabajan como nuevos siervos 10 y 14 horas diarias. Luchan entre sí por los puestos de trabajo mejor remunerados y dentro de las empresas luchan entre sí por desplazar a los competidores asalariados a su lado. Lucen cuello y corbata. Y con una admirable capacidad para poner buena cara con la soga al cuello, salen por las noches presumiendo clases medias felices en la noche varsoviana. Los jóvenes ejecutivos, nuevos machos o hembras eslavas (las menos), liberados del complejo de inferioridad del asalariado mal pagado, pavonean el mimetismo de nueva clase media con sueldos hasta 10 veces superiores que la mayoría de los mortales simples. La diferencia más deshonesta de las que se conocen en toda Europa. Como mercenarios “bien pagados” trabajan para los dueños del capital, extranjero en mayoría. No importa que la pobreza en Polonia como subnivel de vida europeo sea generalizada. Pero esos ciudadanos de quinta categoría en suelo propio, patria católica venerada por casi todos, que vegetan en guetos y cuyos hijos engordan el 26% de los niños que viven en la pobreza estructural en Polonia, tienen miedo hacer valer algún derecho en la democracia burguesa que le han servido L.Wałęsa y los hombres y mujeres, trabajadores e intelectuales, de aquello que llamaban movimiento Solidaridad. Con el reflejo defensivo propio de los marginados se van deshumanizando en el círculo vicioso de la exclusión y las patologías sociales. Al lado se mueve esa “otra” parte de la sociedad, mejor aventurada, ensimismada, con mayores o menores apuros en la vida cotidiana, ajena o presumiendo su “buena” suerte en las terracitas de verano al resguardo de alguna cerveza fría. Hoy, el que tenga un trabajo pues que lo disfrute, parecen expresar los coterráneos. La ciudad de , unos 40 mil habitantes, está a unas ocho horas en autocar de Varsovia. La «Cancillería de Justicia Social» creada por Piotr Ikonowicz, ex opositor al regimen del “socialismo real” polaco, encarcelado dos años por ello, ex parlamentario en la realidad política pos 1989 y fundador del partido Nueva Izquierda (Nowa Lewica), defensor de la Revolución cubana y vilipendiado en Polonia por ello, conocedor de su realidad política por sus viajes y estancias en la Isla, convoca a una manifestación de solidaridad con los excluidos de esa ciudad polaca. Un grupo de beneficiados del trabajo de la Cancillería convertidos en activistas pro derechos sociales se dan por citados. Provienen de varias ciudades (Wałbrzych, Lublin, Łódż). Se unen representantes del movimiento Jóvenes Socialistas. En el grupo reunido en Varsovia salimos en un autocar el jueves 22 de julio a las 12 de la noche. A las 8 de la mañana del día 23 se dan cita todos los convocados en la casa de una familia inquilina en proceso de desalojo. La reunión de salida se hace en la única habitación a la que los expropiadores del Estado les han dejado derecho a utilizar. Casi todos los muebles han sido sacados de la vivienda y depuestos en custodia expropiatoria. Los intereses de la industria inmoviliaria y los servicios comerciales codician la casa. Reconstruida de una ruina por sus inquilinos en tiempos de la Polonia Popular, les fue concedido el local con derecho a no pagar alquiler. Aquel contrato no ha sido reconocido por las nuevas autoridades capitalistas. La vivienda ha de ser desalojada, dicta un tribunal, el proceso es asistido por la Cancillería de Justicia Social. Pero una golondrina no hace el verano. La movilización en una realidad socio-jurídica con reglas donde la vivienda ha dejado de ser un derecho humano para convertirse en una lucrativa mercancía, es la única forma de contener las codicias de los representantes del poder económico. Ha de convocarse a las familias inquilinas de los “albergues sociales” y juntos marchar en protesta hacia el Ayuntamiento de la ciudad. El recorrido por los albergues no suma más de una docena de inquilinos depauperados, se esconden tras las desvencijadas puertas de las habitaciones en los albergues, tienen miedo de salir a demostrar, no tienen confianza en sí mismos, se saben gente de inferior categoría, que vive de la limosna de un estado auto asumido como democrático. La manifestación se compone con varias decenas de participantes, llegados y locales. El Presidente de la ciudad ha dado órdenes de poner barreras de metal ante el Ayuntamiento. La polícia se moviliza y merodea la marcha en su recorrido aglutinador por toda la ciudad. El tránsito está cortado en las inmediaciones del Ayuntamiento. Gritos de solidaridad con los desahuciados y los excluidos y consignas contra el orden de la democracia burguesa se hacen cada vez más altos. “La vivienda es un derecho, no una mercancía”. Los viandantes se arremolinan poco a poco. La prensa local, televisión y plana, se da cita. Un fragmento de la barrera frente al Ayuntamiento salta por los aires ante la puja y se abre una brecha que da paso a los manifestantes hacia los escalones del Ayuntamiento. Un nutrido grupo de la Guardia Civil cierra la entrada. El Presidente de la Ciudad, asoma la cara desde una de las ventanas, en gestos tímidos se mueve tras los cristales. No bajará a escuchar las demandas de los manifestantes. Una delegación logra entrar para entregar el pliego de exigencias sociales. En la calle se denuncia al Presidente, a la democracia.
Muchos ciudadanos arropados por el calor solidario de la manifestación toman la palabra ante los altavoces disponibles. Pasan tres horas de gritos de repudio, demandas y solidaridad. El centro de la ciudad ha perdido la calma en que todos aparentan bienestar y felicidad, aunque sólo unos sean usufructuarios de ello. tiene un índice de desempleo del 14%. La movilización continuará. ¿O acaso habrá que poner la otra cara para la bofetada de la democracia burguesa? En los solares donde se erigen los albergues en que permanecen recluidas las familias apestadas de la ciudad polaca Nowa Sól, con la política socialista de Marinaleda en seis meses estarían construidos tres flamantes edificios con el confort moderno necesario. Las propias familias se auto emplearían en la construcción, entrenadas y asesoradas por grupos técnicos que el Ayuntamiento pondría a disposición de los mismos, cargando el costo de la asistencia al fondo social del gobierno de la ciudad (solidaridad comunitaria). El trabajo de las familias sería incorporado al valor de las viviendas (parte del costo). Los materiales subvencionados por el Ayuntamiento abaratarían el proyecto de construcción. El suelo declarado comunitario y libre de especulación no pasaría de ser el 10% del “precio” de la vivienda, contra el 60% que como promedio en Europa significa en manos del complejo depredador bancos-inmoviliarias-constructoras. ¿Pero será posible que la mentalidad del aldeano vanidoso que ha adquirido la clase política polaca bajo el estímulo de la democracia lucrativa capitalista dé para eso? La vivienda en Cuba, probablemente el único país del mundo donde no es una mercancía como regla jurídica, es por derecho constitucional propiedad de quien la adquiere. En usufructo por precios módicos, no constituye un cargo de consideración en los ingresos de la familia (aún considerando el bajo nivel de los ingresos). Pero el déficit habitacional se calcula en alrededor de un millón de viviendas. Los especuladores en el Reino de España llegaron a construir 600 mil viviendas al año. Varios millones permanecen retenidas vacías alentando poco a poco la nueva coyuntura de los precios. Cientos de hipotecados se declaran en quiebra y no pueden pagar los adeudos, en una sociedad castigada con más de 4 millones de desempleados. Todo en un estado supuestamente democrático apalancado con más de 300 mil millones de euros (sic.) por la UE, libres de reembolso para proyectos de desarrollo socioeconómico. ¿De qué democracia y mediaciones con Cuba podrán hablar y ser capaces los representantes de regímenes como el del Reino de España o Polonia? Cuba no resuelve el problema de la vivienda existente no porque no pueda, sino porque lo impide el modo de producción y relaciones socioeconómicas establecido. La reliquia del socialismo real eurosoviético con que se hipoteca, no la vivienda, sino el desarrollo socio-material del país. La transición socialista entre sus acepciones políticas, significa la transformación del modo de producción.
La reorganización de las fuerzas productivas en el sector de la construcción civil dedicado a la vivienda, con alto potencial técnico y experiencia constructiva, constituye uno de los momentos de inflexión por los que está obligado a apostar el sistema económico cubano si de su transformación conceptual y estructural se trata. La plena descentralización del sector industrial de la construcción y su articulación horizontalizada a los gobiernos municipales, bajo el regimen de la plena autogestión empresarial de las entidades de producción, son medidas sine qua non para el salto productivo. Ello implica: 1. La creación de un subsector de micro, pequeñas y medianas empresas autogestionadas no-estatales de carácter cooperativo en las autonomías municipales, premisa necesaria básica para el reordenamiento efectivo del modo de producción. 2. La organización de una rama bancaria especialmente destinada para el crédito a la industria de la construcción constituye una condición imprescindible. 3. Dicha rama bancaria atendería igualmente la demanda de créditos blandos a los futuros propietarios de las viviendas, deducibles en forma de cuotas de usufructo eterno que no pasarían de ser el 10% de los ingresos familiares. 4. La incorporación de la fuerza de trabajo excedente actualmente (no menos de un millón de trabajadores) en el país como auto constructores se experimentaría en forma de microempresas familiares, pequeñas y medianas empresas cooperativas o como trabajadores autónomos. Asesorados técnicamente por agencias independientes, autogestionadas, de servicios técnicos constructores. Con igual derecho de acceso para dichos agentes a líneas de créditos bancarios blandos para la ejecución de los proyectos de asesoría. 5. Las autoridades municipales supervisan con grupos de técnicos propios y controlan los procesos de calidad a través de empresas inversoras augestionadas de propiedad comunitaria. 6. El conocido efecto multiplicador en la economía de la industria de la construcción civil debe ser apalancado con el decidido estímulo de las PYMEs no-estatales, en regimen tributario adecuado. No puede aspirarse a una masiva entrada de capital foráneo privado directo al programa de construcción y al desarrollo estructural del sector. Por la sencilla razón de que la vivienda no es ni será (cabe suponer como principio socialista) objeto de lucro. La vivienda como bien social y derecho humano básico queda fuera de toda idea de negocio mercantil. No es, por lo tanto, filón inversionista para el capital privado. Por lo tanto, Cuba está obligada a una redistribución del PIB tal que el sector de la construcción civil sea beneficiado emergentemente en los Presupuestos de los próximos 10 años, lapso de tiempo máximo en que debe estar solucionado el problema de la vivienda en Cuba. Viviendas de alto confort, bajos consumos de energía (aprovechando soluciones de energía térmica solar) y versátiles diseños arquitectónico-funcionales. Se trata de la decisión macroeconómica procíclica en el espíritu de la expansión del déficit presupuestario – contrariamente a las recetas neoliberales de su recorte – que puede desbloquear la coyuntura de crisis y tendencia recesionista de la economía cubana. Ello exige la consecución de financiamiento gubernamental para tecnologías, maquinarias, fábricas de equipos y bienes intermedios o finales (las canteras de áridos y el cemento están en las manos de Cuba). En la situación actual Venezuela y China constituyen los partners financieros de mayor acceso para Cuba. Rusia y Brasil han de ser considerados potenciales inversores al respecto. Sin embargo, para obtener la financiación necesaria Cuba está obligada a preparar un proyecto de reconversión estructural del sector de la construcción, concerniente a las relaciones de propiedad y al funcionamiento orgánico integral del mismo. De manera que la solicitud de financiación gubernamental no se hace para un programa de viviendas, sino para la transformación estructural del sector.
Lo anterior constituye la única garantía de que los recursos financieros aplicados rendirán con la eficiencia económica requerida para el cumplimiento de las obligaciones internacionales. Esa proyección estratégica permite ampliar el círculo de países potencialmente inversores en el proyecto nacional. En igual sentido – y talvez empezando por ello – puede plantearse el proyecto de reconversión estructural del sector en el seno del ALBA, buscando el compromiso financiero del Banco del ALBA, y el Banco del Sur (aún a pesar de su incipiente creación y problemas de consolidación). Debe considerarse la participación en el proyecto de reconversión del sector de la construcción civil dedicado a la vivienda del capital de las familias de emigrados cubanos. Las micro empresas familiares constituyen el ámbito idóneo para la inversión del capital-remesa como capital productivo en el sector. Dicha variante inversionista se desarrollaría con arreglo a las reglas que el Gobierno y la ANPP definan en cuanto a la concepción sistémica del proyecto nacional de reconversión socieoconómica estructural del sector. La sociedad cubana, el pueblo, puede enfrascarse en el debate que auspiciado por el Gobierno, las asambleas de los poderes populares, los medios de comunicación y el Partido (su corriente revolucionaria) sean preámbulo y sumidero de ideas para acometer y tener listo el proyecto nacional en no más de un año a partir de hoy. La transición socialista no es reducible al debate teórico. La imbricación en pleno de la discusión de ideas revolucionadoras y una praxis de igual espíritu ha de convertir a Cuba en una plaza de 111 mil km cuadrados de espacio literal y político de efervescente construcción socio-humana. El reposicionamiento socioeconómico y político de la participación significa empoderamiento real del pueblo. El inmovilismo político y la inercia social están condenando a Cuba a una muerte anunciada. La muerte del proyecto socialista sin el cual no se demostrará que un mundo mejor, totalmente ajeno al de esa transición capitalista que se le propone a los cubanos, es perfectamente posible. El bienestar de los cubanos, el progreso de la nación están en la inteligencia y el conocimiento propio, especialmente de varias generaciones jóvenes subutilizadas hoy como fuente inagotable de creación, y agotadas en el desgaste de la lucha contra empedernidas estructuras burocráticas de un Estado que niega las potencialidades de emancipación sociocultural creadas. RCA
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Revuelta popular en Varsovia por una vivienda digna |
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Wpisał Administrator
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czwartek, 01. lipiec 2010 17:04 |
Escrito por xomaga Jueves, 31 de Julio de 2008 09:53 Colectivos ciudadanos se organizan contra los desahucios y para hacer frente a la subida astronómica de los alquileres.
Varsovia, 30 jul. (COLPISA, P. Soto). “Tenemos que seguir luchando por nuestras casas y la justicia social. Nos quieren echar de nuestras viviendas porque somos pobres”, dice una mujer entrada en años. Una chica joven le contesta: “No lo pueden conseguir. Los especuladores quieren enriquecerse a nuestra costa y no pueden ganar esta batalla. El derecho a una vivienda digna es básico en una sociedad que pretende ser democrática”. Todo el mundo asiente con la cabeza. Unas cien personas se han reunido en la sala de juntas de la sede de un partido político, en el número 30 de la avenida Jerozolimskie de Varsovia, en pleno centro de la capital polaca. El maestro de ceremonia es Piotr Ikonowicz, un activista de la izquierda radical que ha vivido en Cuba y en España y lleva años metido en mil batallas políticas y sociales. Asisten al encuentro personas sencillas y humildes que están a punto de perder sus casas. Así son las cosas en la Polonia democrática que crece a un ritmo del 6% anual y se ha convertido en uno de los motores económicos de los antiguos países socialistas de Europa central y oriental. Quién no puede hacer frente a la subida astronómica de los alquileres en Varsovia, pero también en otras ciudades polacas, corre el riesgo de quedarse en la calle. Antes el Código Civil tenía una cláusula que protegía a niños, ancianos y jubilados y garantizaba una vivienda social a todos los ciudadanos. Esto se acabó. En los años 90 Polonia, que había pasado de la noche a la mañana del ‘socialismo real’ de corte autoritario al capitalismo salvaje, vivió una situación social dramática. Centenares de fábricas cerraron sus puertas o se vendieron a las multinacionales, la inflación se disparó hasta el 600% y el paro afectó a más del 20% de la población activa. Miles de familias fueron desahuciadas, al no poder pagar el alquiler de sus casas.
En la calle
Se encontraron de la noche a la mañana en la calle y tuvieron que ser realojadas en viviendas de amigos y familiares. Otras resistieron e iniciaron una batalla legal para quedarse en sus casas, que todavía no ha terminado. “Quieren pagar el alquiler, pero piden que sea moderado”, explica Ikonowicz. Según diversos estudios, un 25% de las familias varsovianas tiene problemas para pagar el alquiler. En todo el país, unos dos millones de inquilinos que antes vivían en casas que eran propiedad de empresas públicas que han sido privatizadas, corren el riesgo de quedarse en la calle. Muchas de estas viviendas han sido compradas por nuevos propietarios o inmobiliarias, como ‘Molinos de Polonia’ en Varsovia, que especulan con ellas. “Los que antes pagaban una renta de unos 700 zlotych (unos 200 euros) al mes ahora pueden llegar a pagar hasta 2.000 zlotych (unos 600 euros)”, afirma Ikonowicz. Es mucho dinero en un país donde el sueldo medio es de unos 700 euros. La situación económica ha mejorado, el paro ha disminuido, en parte gracias a la emigración, y poco a poco las familias se recuperan, pero frente a la voracidad de los caseros, las inmobiliarias y los especuladores, los pobres no tienen más protección que la ayuda de Dios.
Justicia Social
Pero no todos son creyentes, y hartos de tanto sufrimiento, han creado la Asociación por la Justicia Social. Este colectivo agrupa a numerosas personas, en su mayoría parejas de mediana edad con pocos haberes económicos y jubilados cuyas pensiones no superan los 1.200 zlotych (300 euros) al mes. La asociación existe en Varsovia y otras ciudades cercanas como Minsk Mazowiecki, y pronto podría ver el día en Cracovia y otras grandes urbes del país. Su actividad tiene tres frentes: informar a los damnificados, negociar alquileres razonables e impedir los desahucios. “Las inmobiliarias y las cooperativas de viviendas suelen contratar abogados experimentados que tienen todas las de ganar frente a inquilinos que se sienten legalmente indefensos”, dice Urszula, una joven profesora de lengua castellana en la Universidad de Varsovia que acude a las reuniones de los damnificados por “solidaridad”. A la reunión de Varsovia asisten gran parte de las 45 familias que viven en un edificio ubicado en un barrio popular que ha comprado ‘Molinos de Polonia’, una empresa en manos de Zbiniew Komorowski, un hombre de negocios que se apropió de estas casas, que antes eran propiedad del Ministerio de Industria, por cuatro duros (menos de un euro el metro cuadrado) y ahora pretende venderlas a más de 12 euros el metro cuadrado. Muchos inquilinos explican que no pueden comprar sus viviendas, o porque están en paro o porque sus reducidos ingresos no les permiten pedir un crédito bancario. “Lo que quieren es echarnos de aquí y vender nuestras viviendas a gente que esté dispuesta a pagar mucho dinero”, grita Basia, una jubilada de 72 años. “Sí, esto es lo que quieren hacer. Quieren vaciar el centro de Varsovia y los barrios cercanos de las familias pobres y transformarlos en lugares de residencia para ricos y clases medias”, asiente Agnieszka, una vecina que no está dispuesta a “bajar los brazos”. “La especulación de unos es la miseria de otros”, agrega su esposo. Piotr Ikonowicz pone orden en la sala. Los ánimos están caldeados. Muy pocos inquilinos han podido hacerse propietarios de sus viviendas. “Y los alquileres no paran de subir”, recuerda una mujer vestida de negro. “Pero no nos callarán ni nos echarán. Seguiremos luchando por nuestras casas”, advierte otra mujer. Las mujeres llevan la voz cantante. Ikonowicz interviene para convencer a los presentes de que “la única solución a vuestros problemas es seguir negociando con los propietarios una salida razonable al problema y conseguir una ley que ampare vuestros derechos”. Ikonowicz pregunta: “¿Tenéis fuerza para seguir luchando?” Todos contesta que sí. Nadie está dispuesto a bajar la guardia. Es todo un logro en un país donde las huelgas y protestas sociales no son frecuentes y los políticos, de derecha e izquierda, quieren resolverlo todo a golpe de privatizaciones y hacen más caso a las directrices del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) que al sufrimiento y el desamparo de los más humildes.
Fuente: www.colpisa.com |
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Polonia o el socialismo que no fue |
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Wpisał Administrator
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czwartek, 01. lipiec 2010 16:49 |

Piotr Ikonowicz, líder del Partido de la Nueva Izquierda, conversa con JR sobre los sucesos de las últimas dos décadas en el país europeo
Luis Luque Álvarez
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18 de Febrero del 2007 0:00:00 CDT
Era yo un niño a principios de los ochenta, pero aún recuerdo las imágenes en blanco y negro de los mineros británicos que protestaban contra la tozudez de la Thatcher, y las manifestaciones contra el despliegue de los misiles Pershing II en Europa occidental.
Pero no eran los únicos descontentos. Había otros que salían a las calles con demandas al gobierno. Era en la República Popular de Polonia, cuyo modelo socioeconómico y político se calificaba de socialista, lo que encendía mi asombro aún más.
La élite del POUP se alió con la élite de la oposición, y traicionaron a los huelguistas, afirmó Ikonowicz. Foto: Calixto N. Llanes Años después, cuando se derrumbó el castillo de naipes del socialismo europeo, obtuve algunas respuestas. Días atrás, al conversar con Piotr Ikonowicz, líder del Partido de la Nueva Izquierda, me interesé en el tema y en los nuevos rumbos que tomó Polonia, donde los sueños se frustraron.
—En ese momento, en los 80, aquellas protestas se vieron como un revés contra el socialismo...
—Eso implicaría entender que los obreros, supuestos dueños de un país obrero, eran contrarrevolucionarios porque querían regir su propio país. Ellos no reclamaban capitalismo, sino que se cumplieran las promesas del socialismo.
«Había un contrato entre los trabajadores y el Estado. Este proporcionaba los servicios básicos y los ciudadanos no reclamaban sus derechos. Pero el Estado dejó de cumplir con su parte, el modelo de bienestar socialista se derritió, y entonces, con pobreza y sin libertad, la gente se dijo: “Si no hay ninguna de las dos, entonces no tenemos por qué apoyar al gobierno. Si el partido no nos hace ningún caso como obreros, ¿por qué debemos seguir apoyándolo?”.
«La estructura de los comités de huelga de Solidaridad fue idéntica a los soviets. Había una asamblea con sus delegados, y la regía otra asamblea regional donde se reunían delegados de varios centros laborales. Así surgió un poder alternativo, que negociaba con el gobierno. Sus postulados eran muy modestos, entre estos, que se liquidaran los privilegios de los miembros del partido, pues como había escasez de bienes, eran los “caciques” quienes accedían a estos, y resultaba que algunos eran “más iguales” que otros.
«Ahora bien, si la gente hubiera sabido que el resultado de todo esto iba a ser unas diferencias sociales y unos privilegios de tipo tercermundista, quizá nunca hubieran ido a la huelga. La consigna que ellos ponían en sus fábricas eran: ¡Socialismo sí, aberraciones no!
«Las aberraciones eran la arrogancia de la burocracia del Partido, y para comprobar que los contrarrevolucionarios eran los llamados comunistas —quienes resultaron ser oportunistas—, hay que ver cómo se desenvolvió la historia después de todos estos hechos: la élite gobernante del Partido Obrero Unificado Polaco se unió con la élite de la oposición política de derechas, que traicionó al movimiento huelguista sindical, y ambos concertaron un modo para apropiarse de los bienes y el patrimonio nacional, salido del trabajo y el sacrificio de millones de polacos durante todo el período de construcción del socialismo.
«Aquello fue increíble: un señor que no tenía un centavo, en poco tiempo pasó a ser dueño absoluto de una fábrica. Con el espíritu igualitario que primaba, nadie tenía plata para comprarse una fábrica. Entonces se inventaron las leyes de privatización, redactadas por los mismos aparatchik, personas de la llamada nomenclatura comunista, que son hoy los más ricos, los que tienen más negocios, bancos, compañías, y disfrutan del denominado “milagro polaco”, un milagro para pocos».
—Me ha llamado la atención el nombre de su partido: la Nueva Izquierda.
—Se trata de un intento de organizar a los obreros, los excluidos, que no están de acuerdo no solo con el gobierno, sino con el capitalismo como tal. No creemos ya en etiquetas. Si me preguntan si soy comunista, respondo: «Por lo menos».
«Estoy contra el capitalismo, me llames como me llames. Eso es lo decisivo. Algunos se titulan socialistas, y se venden al capital, mientras que otros no se han vendido, y no se denominan socialistas. Hay quienes luchan por una alternativa a la barbarie capitalista, y los que están proponiendo reformas para salvar al capitalismo salvaje».
—¿Han llegado al Parlamento?
—Yo fui diputado durante ocho años con los poscomunistas, que terminaron siendo liberales. Eran muy obedientes, primero a Moscú, después a Washington, y pensaban muy poco.
«Ahora, triunfar en unos comicios le es muy difícil a un partido que cuenta solo con las cotizaciones de sus miembros, la mitad de ellos desempleados. Por eso estamos organizando una red de TV e Internet, con muy buenos resultados, pues se reagrupa al partido a través de noticieros alternativos.
«Cuando se cree una red de opinión alternativa, se podrán promover mejor nuestras ideas. Nuestras opiniones sobre la privatización y la guerra en Iraq, concuerdan totalmente con las de la mayoría de los ciudadanos, pero ellos no saben que nosotros existimos, porque no se nos deja aparecer en la TV, sea estatal o privada».
—Decía usted que muchos desean la vuelta a una sociedad con más justicia social...
—La mayoría...
—Si es una mayoría, ¿por qué no surgen opciones viables en el plano político?
—Porque la única izquierda permitida en Polonia es la que antes militaba en el POUP y hoy apoya el capitalismo. Ellos sí van a la TV. Luego, quienes desean mejores tiempos, votan por ellos, porque no tienen otra información ni opción. Así se frena cualquier cambio, porque la gente se desilusiona, traicionada por sus propios representantes.
—¿Cómo sintetizaría la etapa desde 1989 hasta el presente?
Mientras en los antiguos edificios del POUP en Varsovia se muestran logos comerciales, un grafitti en la pared de una cara peletería maldice la influencia de EE.UU. —Con la historia de un obrero, que en la Polonia socialista nunca faltó al trabajo; cuando vino Solidaridad, participó en las huelgas; cuando se declaró el estado de guerra, estuvo en la resistencia, y cuando vino la «democracia», votó por el cambio. Un día, después de las elecciones, llegó a la fábrica y le informaron que estaba despedido. Se fue a casa, en pocos meses no pudo pagar el alquiler, y lo echaron a la calle con su familia y sus niños.
«Por cierto, esa ley, la del desalojo, fue aprobada por un gobierno de los llamados poscomunistas. El año pasado yo mismo fui encarcelado bajo acusación de ataque a la policía, porque estaba defendiendo a madres con niños menores contra los desalojos.
«Esta es la realidad del país. Las esferas en que se acumula el capital, los seguros, los fondos de pensiones, el sector bancario, todo se ha vendido por cinco centavos. El propio capital polaco se ha suicidado, porque ya no pinta nada, todo está vendido.
«Hablamos de un país que no puede gobernarse, porque la economía se dirige por el capital, ¡y el capital se fue! ¡No pintamos nada como polacos en Polonia! Si un empresario polaco necesita créditos, ya el banco no es polaco, sino extranjero, como el 90 por ciento de ellos, y el crédito no es accesible por las duras condiciones que imponen. Pero si viene una compañía holandesa, enseguida se lo otorgan. Y la pequeña empresa polaca no tiene ni oportunidad de competir.
«Además, tenemos cuatro millones de desempleados, que ya no reciben nada del Estado, pues los subsidios son para seis meses. Sobreviven de milagro, porque no tienen trabajo ni ayuda estatal alguna. Entonces se supone que deben infringir la ley, trabajar de modo ilegal, robar, mendigar, o emigrar. No se organizan, porque están al margen, excluidos. Pierden sus viviendas, se criminaliza su pobreza, y es un proceso de desintegración social en el que estamos desde 1989, imposible de frenar.
«Otro punto es que muchos patrones polacos no pagan sueldos durante meses o años. Cuando alguien roba un pan, es un ladrón, pero si le roban los sueldos de doce meses, “no cumplieron el contrato”, eso no está criminalizado. En estas condiciones, sin un movimiento sindical digno de mencionar, la gente emigra y se deja explotar, pero algo menos.
«Paradójicamente, esa emigración por el pan —estamos hablando de dos millones de polacos— ha mejorado un poco las relaciones en el mercado de trabajo dentro del país. Sin embargo, esa es una alternativa pobre...».
—¿Qué ha significado el ingreso en la UE?
—Por una parte, la frontera de la UE nos protege de la competencia directa de los productos fabricados en condiciones de peor esclavitud que en Polonia, y vendemos los nuestros a un mercado de consumidores que es el más rico del mundo. Eso hay que reconocerlo.
«Por otra, cuando emigra la mano de obra hacia el oeste, la gente aprende de sindicalismo y de derechos en España, en Irlanda, en Gran Bretaña, y regresan con otra cultura organizativa. Es importante que el movimiento obrero de ambas partes coopere».
—¿Hay algún camino para que retorne la justicia social?
—Creo que el ejemplo está en América Latina. En Venezuela, Bolivia, Cuba, y quizá en Nicaragua, la integración regional con el ALBA puede ser una opción.
«La gente es inteligente. No puedo ir a los excluidos y proponerles un socialismo inexistente, imaginario. Tengo que darles cifras, ejemplos, porque ya han hecho una revolución, la de Solidaridad, y les ha costado la vida, la perspectiva, la estabilidad y la dignidad. Después de una experiencia tan fresca, es muy difícil arriesgarse otra vez. Por eso tiene que haber alternativas que mostrar». |
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